domingo, 21 de octubre de 2012

Subida de Moya 2012

Mi experiencia en la Subida a Moya
No lo tenía previsto, pero el amigo Javier me llamó dos semanas antes de la Subida a Moya y me dijo; “por qué no corremos la Subida a Moya” y claro, yo esa noche empecé a darle vueltas a la cabeza y me costó muy poco tiempo decidirme, al día siguiente ya había pedido la licencia federativa.
Una cosa es decir que sí y la otra son los preparativos, lo primero era buscar neumáticos y lo solucioné con el amigo Tato Suárez, con dos Toyo R888 retallados para agua (nos vinieron perfecto) y otros dos con algo de vida que tenía.
En cuanto a la parte mecánica, pocas cositas, un cambio en los silent block del tren delantero y un trabajo fino de Javier con la dirección que la hizo un poco más rápida.
Los reconocimientos
Debido al poco tiempo disponible yo no pude entrenar de verdad la prueba, sólo le di cuatro pasadas para recordar el trazado, sin medir, ni calibrar, ni tomar referencias.
Otra vez tengo que seguir dando las gracias a mi copiloto Javier Gallo, que embarcaba a su piloto en el pasado Rally de Teror, Alby Santana, para que utilizando el coche de Alby calibrar, medir y tomar referencias, para intentar hacerlo lo mejor posible. Gracias, gracias y gracias.
Método Manzano
En mis competiciones (pocas) de Regularidad y Regularidad Sport, siempre había utilizado diferentes tipos de sistemas de medición, como biciclometros, pirámide y Laser 3, incluso un replicador de la señal del Laser para verla yo detrás del volante. Pero estudiando los diferentes métodos que utilizan los mejores de Regularidad Sport, decidimos, más bien Javier decidió, utilizar el método de Alexis Manzano, que me permitiréis no explicarla en su extensión. ¡Que invento! Funciona de maravilla.
La carrera
Parecía que todo estaba listo, aunque faltaba lo más difícil, la carrera. Aquí había que tener varias cosas en cuenta, lo primero y siendo sincero la Subida a Moya “no” es uno de mis trazados favoritos, más bien lo contrario. Lo segundo era ese sistema nuevo, que ni siquiera habíamos entrenado. Y lo tercero, era la incógnita de estrenar copiloto, que aunque ya nos conocíamos, no habíamos sufrido juntos en un coche en competición.
Todos estos puntos se vieron resueltos rápidamente de manera satisfactoria, pero debo decir que la culpa de no haber hecho un buen resultado, perdón un mejor resultado en la manga de entrenamiento (5º de la general con 21,1 puntos de penalización) y en la primera oficial (5º de la general con 21,5 puntos de penalización) fue todo mío, simple y llanamente, no escuchaba al copiloto, lo oía perfectamente pero no le hacía mucho caso. Mis ganas de competición no me dejaban escuchar las indicaciones de Javier y todo el trabajo se estaba yendo al garete.
En la última manga, la definitiva si queríamos hacer algo, hice un ejercicio de mentalización y cambié el chip por el de regularidad, que es mucho más suave con el acelerador y funcionó. Bajamos la penalización hasta los 8.3 puntos, e incluso en los cuatro primeros controles (habían seis) íbamos primeros, pero en los dos siguientes se esfumaron las posibilidades de marcar menos penalización. La clasificación fue un cuarto puesto, en la competición más apretada y reñida de la historia de la RS, donde en 2,1 puntos se metían cinco equipos.
Balance final
A mitad de la prueba las sensaciones eran buenas pero el ánimo no estaba muy alto, aunque cuando sabes cuáles son tus errores y los corriges con éxito, la satisfacción es increíble y se nota en la foto que acompaña este artículo. Tanto Javier como yo salimos de Moya con una amplia sonrisa, dado que el coche funcionaba, el equipo funciona y el método utilizado fue un éxito, ¿qué más se puede pedir? Lo sé, repetirlo. Prometemos volver a intentarlo para el Rally de Maspalomas.

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